Mentiras de ellas: Dios es idéntico a mi Padre

Publicado en 13. Oct, 2009 por Libres en Cristo en Mentiras de ellas, Sexo Falso

Crecí con un padre agresivo y violento. A la edad de cuatro años fui abusada sexualmente por él. No recuerdo ninguna ocasión en la que haya sentido amor genuino de parte de él; no recuerdo haber sido nunca su “princesita”. Mi padre murió cuando yo tenía ocho años, y aunque pudo parecer un alivio el hecho de que él ya no estuviera conmigo, crecí sin conocer lo que un verdadero padre representa. Todo esto fue generando heridas y mucho rencor hacia mi padre y en especial hacia Dios. ¡Cómo pudo Dios permitir tanto sufrimiento en mi vida! ¡Sin duda, Dios no me amaba! ¡Dios era igual a mi padre, no estaba allí conmigo!

Si tú padre o cualquier persona humana te ha lastimado, puede resultarte difícil confiar en Dios. La idea de llamarlo PADRE, podría resultarte imposible o repulsivo. Sin embargo, Jesús llamó a Dios con toda libertad Padre, y enseñó a sus discípulos a tratarlo como Padre también.

Dios es un Padre, sin parecerse en lo absoluto a ninguna persona humana. Ni el mejor padre del mundo; el que siempre ha proveído o el padre amoroso y comprensivo, puede parecerse a Dios, el verdadero Padre. Dios es nuestro padre perfecto (Mt. 5:48) e inmutable (Stg. 1:17). Sin importar lo que hayamos pasado o lo que sentimos, Dios es el Padre bueno que nos ama sin ninguna condición y podemos confiar en Él.

Debemos aprender a relacionarnos con nuestro Padre celestial por medio de Dios y no por medio de nuestro padre terrenal. Parte de esta mentira es querer atribuirle cualidades de padre a Dios; cuando la verdad es que debemos preguntarle a Dios cómo debemos responder ante nuestro padre terrenal.

Con todo esto, si tu padre te ha causado heridas profundas, Dios nos pide perdonar a los que nos han ofendido (Lc. 6:23). Debemos tomar la decisión de perdonar a nuestro padre sin importar cuán profundo sea el daño. No quiere decir que sea fácil perdonar, o que vaya a ser una cura inmediata para nuestro dolor. Pero debemos dar ese paso, perdonar y luego procurar pasar por alto las flaquezas humanas de nuestro padre y elegir aceptar la relación que Dios desea tener con nosotras como nuestro verdadero Padre. Ese padre amoroso, protector, proveedor y que promete estar allí todos los días de nuestra vida.

Volviendo a mi historia, no fue hasta que decidí perdonar a mi padre que pude acercarme con toda libertad a Dios y dejar que Él me amara. No fue fácil, me llevó casi quince años decidir perdonar a mi papá y sanar mis heridas. Y hasta ahora estoy aprendiendo a conocer a Dios como el Padre que estuvo y ha estado conmigo.

Puedo llegar a la conclusión que el dolor y el rencor me cegaron; nunca noté que durante toda mi vida, desde que nací, Dios ha estado conmigo y nada me ha faltado. El proveyó de todo lo que necesité y sigue proveyendo; ¡Puedo sentirlo a mi lado! ¡Es el Padre que siempre he tenido, el Padre que me ama con amor puro y genuino!

Tags: , , , ,

Deja tu respuesta