Mi historia y la historia de un barbero, parte 3/4
Publicado en 11. Feb, 2010 por Libres en Cristo en Nuestros mentores escriben

Lee la segunda parte de este relato, aquí.
En fin, al regreso de mi viaje le comenté a mi esposa lo sucedido y con entusiasmo le dije: ¡esta puede ser una oportunidad para obtener ingresos adicionales!
Ella inmediatamente me dijo: Esto no es casualidad, esta mujer es la del sueño y no me da confianza que te involucres profesionalmente con ella. Sin embargo le dije; mi interés es estrictamente profesional y en el momento en que yo note algo extraño, ten por seguro que me apartare de su camino. Ella accedió a que tuviera la primera reunión, sin embargo no se quedó en paz con la decisión. Me dijo yo voy a orar para que el Señor te muestre claramente que hay de tras de todo esto. Y yo se lo agradecí.
La contacté y tuvimos la primera reunión de trabajo y todo apuntaba a que era un interés genuino en tan innovador proyecto. Posteriormente envié mi propuesta económica al respecto de mis servicios. En la propuesta, tuve el cuidado de aclarar que en caso se requiriera viajar al extranjero, solicitaba fueran cubiertos los gastos de mi acompañante, si así fuera el caso. Para mi fue una primera defensa, con la cual indicaba que no viajaba solo.
Para no alargar mucho los detalles de la historia, me contestó vía correo electrónico que no podía en este momento pagar mis honorarios, pero que le encantaría que siguiéramos platicando para no perder la comunicación y quizá más adelante podíamos retomar el tema de la consultoría. Le agradecí y le dije que estaba a la orden.
A la semana de esto, me escribió pidiéndome que si me podía reunir con ella para poder platicarme sobre el proyecto y si nos tomábamos un café. Me dijo que necesitaba mi opinión como amigo y que ella estaba sola en esto y que necesitaba que alguien de afuera le diera su opinión.
Esta invitación me pareció tentadora, pues me halagó como profesional y como hombre, no lo puedo negar. Sin embargo debido a mi vulnerabilidad, pensé; ¿Qué es lo más correcto por hacer? Y decidí contestarle que cuando quisiera me llamara por teléfono y que platicáramos del asunto. Sin embargo ella omitió mi solicitud e insistió en pedirme por medio de otro correo que nos juntáramos para platicar del asunto; y aprovechó para contarme que había tenido ciertos quebrantos de salud.
Le volvía contestar por esa misma vía, que esperaba que se recuperara pronto y que me indicara cuando y a qué hora le podía llamar para platicarlo vía telefónica. A lo que me contestó: “’qué lindo’ ¿puede venir a mi oficina tal día? Indíqueme la hora en que puede venir.”
Y la verdad quiero confesarles que sí, me sentí muy presionado y tentado a asistir.
Continuará…

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