Semejantes a Dios

Publicado en 17. Feb, 2009 por en Nuestros mentores escriben

En la reunión del mes de enero del grupo de hombres de Libres en Cristo fuimos confrontados con una pregunta: “¿Qué significa la santidad para mí?” Mientras escuchaba las respuestas de otros hombres, me vi atrapado en mis propios pensamientos.

Pude observarme en medio de mis batallas ante el pecado y cómo ellas eran el peligro real para mi santidad. Recordé momentos en que la batalla era ganada y como ese momento de suma satisfacción se convertía en lo que para mí significa ser santo.

Santidad es un concepto que va más allá de vivir libres del pecado sexual, santidad se convierte en un estilo de vida que Dios demanda que practiquemos para poder estar en armonía con su personalidad. Jerry Bridges hace mención de esto en el capítulo dos en su libro “En Pos de la Santidad”, al mencionarnos como la comprensión de la santidad de Dios en nuestras vidas se vuelve en sí mismo un argumento de suficiente peso para que nosotros procuremos la lejanía total de cualquier situación que nos pueda ensuciar y romper la armonía de comunión con Dios. Observe lo que dice Jerry Bridges en uno de los párrafos de dicho libro:

“Pero si realmente comprendemos lo que representa la santidad perfecta de Dios, tanto en sí mismo como en lo que nos exige a nosotros, vermos en seguida que jamás podremos justificar ante él la más mínima desviación con respecto a Su perfecta voluntad.”

Estas palabras, por fuertes que nos pudieran parecer, no hacen otra cosa sino poner de manifiesto la demanda de Dios porque le reconozcamos como un Dios Santo, pero también evidencia el llamado que nos hace a cada uno a afrontar las batallas con la plena convicción de qu estamos ya en un estado de victoria. Por si esto fuera poco, el capítulo dos cierra en las notas al pie de página con una frase de G.B. Stevens:

“por sus características, la santidad es la semejanza con Dios”.

¿Es posible parecernos tanto a Dios? Ante nuestro razonamiento natural diríamos que es imposible, pero desde la perspectiva de Dios, imposible sería tener comunión con Él si no practicamos la santidad. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14)

¿Qué es aquello que le aleja de ver a Dios? Pudiera ser que usted esté en una etapa en donde la tentación sexual ya no sea lo más difícil de vencer. Usted ha aprendido de ella, conoce las herramientas que debe utilizar, y el único argumento que ahora acepta en el momento de fallar es que usted es un desobediente declarado. Eso está bien, pero ¿que pasa con el resto de nuestro corazón? ¿Qué hay de las tentaciones que diriamente tenemos acerca de mentir, o por no poder controlar nuestro carácter y reacciones? ¿Que pasa con el arraigado sentimiento de egoísmo que corroe a toda la naturaleza humana?

La santidad que Dios procura para nuestra vida va más allá de la libertad del pecado sexual. La santidad es un estilo de vida que se pueda reflejar en todo lo que somos y hacemos. Es ser los hombres y mujeres integrales que Dios desea proyectar al mundo. Significa ser personas verdaderamente libres en Cristo que procuran cada día ser más como Jesús (con lo que piensa, lo que dice y lo que hace), y esa semejanza con Él se describe con una frase: ser santos como Él es santo.

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Un Comentario

Lic. Juan Antonio

27. Feb, 2009

En lo personal, quisiera compartir con usted algo que me está ayudando muchísimo a correr en Pos de la Santidad. Y es el hecho de reconocer mis pecados cada día frente a mi Señor. Así como también, rendir cuentas semanalmente a un grupo de hermanos y amigos de confianza. De esta manera al sacar mi pecado a la luz; este pierde fuerza y muere. De tal manera, busco cada día, no parar de buscar la santidad. Pues cada día trae su propio afán, pero el afán de ayer, y el pecado de ayer, tienen que ser erradicados en el día de hoy. Ustedes podrían pensar. Se dice fácil, pero ¿cómo se logra? Lo primero es reconocer que por medio de Jesucristo; ya no somos esclavos del pecado. Ya que hora por medio de Él, tenemos la libertad de decidir entre la vida ó la muerte. Y yo cada día y a cada momento busco con todo mi corazón y con la fuerza de Su espíritu; elegir por la vida; para la gloria de Dios y por Su bendita gracia. Así que mis amados hermanos, no nos cansemos de hacer el bien y sigamos corriendo con paciencia esta carrera, de la que hablaba Pablo en Hebreos 12:1|

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