La historia de mi confesión a mi esposa

Publicado en 16. Jun, 2011 por en Nuestros mentores escriben

Dios proveyó del momento apropiado para estar a solas con mi esposa y conversar sobre mi pasado. Nosotros tenemos una niña de 2 años 6 meses y se nos hace muy difícil conversar porque ella es inquieta y nos busca constantemente por alguna razón o quiere jugar o que alguno de los dos esté con ella.

Pero precisamente hoy sábado, la hermana de mi esposa y sus padres nos habían solicitado que querían llevar a la niña a una actividad en la empresa de mi cuñada, una fiesta de payasos o algo así. Entonces pensé que esto mismo venía de Dios porque podría estar solo en la casa con mi esposa. Desde ayer estuve muy nervioso, oré mucho a Dios para que guiara que no me permitiera hacerlo de manera incorrecta, que me diera sabiduría, prudencia y que actuara en el corazón de mi esposa para que tuviera la actitud apropiada, según la voluntad de Dios.

Ella iba a hacer un pan, que le gusta cocinar repostería, y le pedí que antes de hacerla conversáramos un momentito en la sala, le dije que me permitiera orar, y le pedí a Dios su bendición. Luego leí para los dos Efesios 5, y entonces le trataba de dar el sentido a lo que ahí dice. Luego pasé a expresarle que yo quería cambiar muchas cosas que había hecho mal en el pasado, que tenía la intención de ser un esposo correcto y que aceptaba que en el pasado no había sido así, le dije que quería que tuviéramos metas en común y que juntos siguiéramos a Dios y creciéramos para formar un hogar correcto y le conté que Dios había estado tratando conmigo de manera especial.

Comencé por confesarle que tengo más de 3 meses de no fumar, ella había descubierto esto por el olor, y es que por causa de la tensión y las prácticas inmundas yo estuve fumando casi un paquete de cigarrillos diario, aunque nunca en presencia de ella. Ella sonrió y me dijo que qué bueno, que con razón nunca más mi ropa olía a humo.

Seguidamente le expliqué que como ese pasaje habla de que hay que traer cosas a la luz para que Dios mire la sinceridad del arrepentimiento de uno, tenía que contarle más cosas.

Mi esposa no es expresiva, realmente es muy poco hábil para expresarse, es muy callada, y las veces que si se expresa y muy mal es solamente cuando se enoja. Pero en cuanto a las demás expresiones emocionales es muy difícil que exprese algo. Siguió callada escuchando.

Hace años ella había encontrado un sobre de una revista pornográfica en mi carro, una revista porno. En aquella ocasión, ella me preguntó sobre la procedencia de la revista, y yo respondí que era solo el sobre típico de una revista porno, pero solo como promoción, sin la revista. Porque ya yo había visto la revista antes y la había botado. Dije que seguramente algún compañero de trabajo lo había dejado ahí.

Entonces le recordé esa ocasión y le confesé que había sido yo, y también le confesé que muchas veces cuando dije que me había tenido que quedar tarde trabajando no era así. En este punto ya mis lágrimas corrían por mis mejillas.

Yo le recordé algo que yo le dije antes de casarnos y es que yo le había confesado que en el pasado había sido bastante “mal portado” y que me había metido en muchas “cosas malas”. En aquella ocasión ella me dijo, “no importa eso es pasado”.

Bueno, pues entonces le confesé que yo, por muchas circunstancias, aunque no tenía una excusa válida, había vuelto a caer en prácticas malas de pornografía masturbación y “cosas inmundas” que había hecho en el pasado.

Le expliqué que muchas de las veces que habíamos enfrentado problemas en el hogar, ese mismo día yo había estado haciendo cosas malas y que reconocía que eso era la mano de azote de Dios para hacerme entender mi maldad y que no podía seguir así.

Yo no podía verla a los ojos en ese momento. Le expliqué que esas caídas eran la razón por la cual por mucho tiempo ya nunca había vuelto a enseñar en la Escuela Dominical ni participar en predicaciones o eso, solo me remitía a hacer mis labores mínimas en la iglesia, sintiéndome hipócrita.

Yo le expliqué que yo me sentía en este momento muy libre y que Dios me había mostrado su poder para vencer sobre muchas cosas, pero que también tenía que demostrar que mi arrepentimiento era genuino contándole esto y pidiéndole a ella que me perdone porque ella era mi esposa.

Esto fue todo lo que me atreví a decir.

Como repito, ella no es expresiva, no lloró y solo me dijo “siga adelante” y también me dijo que se necesitaba ser valiente para hacer lo que hice de confesar eso. Me dijo, bueno, ya es pasado, yo también le voy a pedir más a Dios por usted.

Yo le di un beso, ella me lo recibió y me dio un leve abrazo. Yo me vine para comenzar la siguiente lección que ya es la número 59. Cuando estaba aquí ella entró y me dijo. “Yo lo quiero.”

Esto es una obra de Dios, Él ha sido muy bueno y me siento muy liberado.

El autor es uno de nuestros mentores. Lee el testimonio de cómo su vida cambió en el curso de 60 días, en este enlace.

Tags: ,

5 Comentarios

imelda camargo

20. Jun, 2011

leer este testimonio me hace sentir mucha tristeza en mi alma y corazón, me pregunto “¿algún día podré yo escuchar un arrepentimiento genuino con algunas palabras como estas de mi esposo?”. Ser la esposa de un hombre adicto es muy difícil porque saber que es esta esclavo y no quiere hacer nada por hacernos libres me acongoja y me frustra. He orado por años por su verdadero arrepentimiento y nada pasa, ahora ha entrado al curso por petición mía pero lo hace de una manera inconstante.

Libres en Cristo

20. Jun, 2011

@Imelda,

Lamentamos lo que sucede en tu vida. Precisamente por eso es tan difícil atender a un hombre que hace las cosas “por obligación”, pero no por convicción. Ni tú ni nosotros somos el Espíritu Santo, y no se puede convencer de pecado a alguien que no está viviendo en su vida consecuencias que lo hagan volver a Cristo. Nunca es lo que quisiéramos escuchar, pero a veces la mejor decisión es dejar a alguien que amamos en manos de sus propias decisiones, pues sólo el dolor profundo de tales consecuencias, lo guiarán al arrepentimiento.

Por otra parte, tú si puedes pensar en cómo son tus reacciones hacia tu esposo. ¿Le facilitas de alguna manera que siga con su doble vida? ¿Das explicaciones constantes de por qué hace lo que hace? ¿Ignoras tu propia valía y tus emociones, para darle prioridad a él? Piensa Imelda, en esta situación, tu esposo tiene que arreglar su vida, pero tú también eres valiosa para Dios, y tu adicción puede estar ahora en intentar ser su salvadora constante. Tu santidad y tu identidad no pueden arriesgarse ni sacrificarse por alguien que simplemente NO quiere cambiar, y NO encuentra razón para hacer algo que disfruta. Hay momentos de honestidad terribles con uno mismo, y este puede ser uno para ti.

henry angarita

02. Jul, 2011

Me conmovio tu historia y ojala algun dia cuando me case (soy soltero)pueda tener esa valentia de confesar mi pasado a mi esposa .

Rube

13. Sep, 2011

Realmente a veces no se como interpretar estas historias, suenan muy edulcoradas, con final siempre feliz. En mi caso si mi esposa me llegara a enganchar con una revista porno el lío que me armaría sería tal que chau y hasta luego, no se puede construir una relación desde la mentira y luego pedir perdón, una cosa es perdonar y otra muy distinta es pretender no pagar por ese pecado, recordemos a David, pecó, se arrepintió, pidió perdón, fue perdonado, pero pagó, en este caso parce que con el “adelante” está todo ok, me gustaría saber cómo realmente siguió la cosa.

Libres en Cristo

13. Sep, 2011

Estimado Rube,

Gracias a Dios, podemos contradecirte.

Si todos los matrimonios se terminaran por el pecado sexual, no tendríamos razón de ser. Pero nuestras historias han probado que en Cristo hay soluciones, hay esperanza para un matrimonio que ya está casi desecho. No es nuestra tarea convencerte, pues no somos el Espíritu Santo; no es tu obligación creernos, pero sí necesitas considerar que tenemos un Dios bueno, de segundas oportunidades.

Te contradecimos también porque estás pensando por tu esposa, y si estás en pecado sexual, y el temor de contarle es lo que te aferra a éste, por temor a sus reacciones, estás quitándole la oportunidad de perdonarte. No puedes ver el futuro y saber cómo reaccionará ella; la gran mayoría de testimonios nuestros, incluyen a familias comprensivas – por algo son la gente que más lo ama a uno.

Este testimonio no implica que no hay consecuencias, y el mentor que lo escribe ha tenido que pagar lo suyo; si te inscribes y este mentor te atiende, podría responderte personalmente. Pero más allá, todo adicto sexual desarrolla una teología personal de compensaciones: “si yo hago tal cosa, no hay modo de escaparme del castigo por ello”, pensando que para que el universo esté “bien”, todo debe ser castigado o premiado. Perdonar y castigar a la vez, ¿es en realidad perdonar?

Por otra parte, tu juicio es erróneo, pues en el caso de David, fue Dios quien obró las consecuencias, pero tu duda inicial es más a nivel humano, sobre el castigo que una esposa puede inflingir, tanto la esposa del autor como la tuya. Allí el fallo, ninguna de tales mujeres es el Dios justo y perfecto que castigó a David por su pecado.

Deja tu respuesta