Dios no puede encontrarme: pensamiento que obstruye al arrepentimiento
Publicado en 07. Jul, 2011 por Libres en Cristo en Nuestros mentores escriben
Como mentor de este ministerio, sigo luchando contra las mentiras que he creído, y buscando cómo afianzar los principios que nos mantienen lejos del pecado sexual. Uno de estos principios es el arrepentimiento genuino. Hemos escrito varios artículos al respecto, y lo estudiamos en el curso de 60 días. Definimos arrepentimiento genuino como esa tristeza profunda que es tan fuerte que nos impulsa a cambiar y a darle la espalda al pecado.
El libro bíblico por excelencia del tema de arrepentimiento es el de Jonás. Los judíos aún lo recitan en Yom Kippur para recordar que “si Dios puede perdonar gente tan mala como los ninivitas, cuánto más perdonará al ciudadano promedio”.
Jonás, es un personaje gracioso siempre enfurecido y refunfuñando porque Dios es misericordioso con los paganos. Los marineros se arrepienten. Los ninivitas se arrepienten. Pero sin duda él hubiera querido disfrutar la vista de Nínive quemándose con fuego divino. En lugar de eso, le suceden toda clase de incidentes chuscos, como ser tragado y vomitado por un pez y soportar el calor del sol en su cráneo, probablemente calvo.
Más irónico, cuando acaba el libro de Jonás, el protagonista nunca se ha arrepentido.
Ese puedo ser yo, y ese puedes ser tú también. Nunca arrepentidos, siempre dispuestos a regresar al pecado –sexual.
¿Por qué Jonás escuchó la voz de Dios pero nunca pudo cambiar su corazón? Un problema era su teología personal. La palabra teología viene de dos palabras griegas: theo, que significa “Dios”, y logos, que significa “palabra”. Teología, palabra acerca de Dios.
Cada uno hacemos teología, y generalmente la armamos con mezclas mundanas de lo que la cultura que nos rodea nos entrega. Nuestra teología, nuestros conceptos de Dios guían las acciones y decisiones que tomamos en el mundo físico.
Los pueblos vecinos de Israel creían que cada nación tiene su propio dios nacional territorial, pero reconocían a los dioses de otras naciones como igualmente reales y poderosos. Eran como dioses que vivían en un mismo vecindario. La teología de Jonás era geográfica, pensaba que Dios estaba en unos lugares y en otros no; era Dios de Israel, pero no era dios en otros lugares.
Y así Jonás piensa que cuando salió de Israel en barco, Dios ya no puede saber dónde está. Tan confiado está de logró huir, que se echa a dormir en la tormenta. Seguramente pensó algo como “Pobre Dios de Israel, tuvo que quedarse sin mí, ojalá no se haya quedado preocupado al no verme cerca”.
¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia! Podría pedirle a la oscuridad que me ocultara, y a la luz que me rodea, que se convierta en noche; pero ni siquiera en la oscuridad puedo esconderme de ti. Salmos 139
¿Podemos acusar a Jonás de ser un bobo? ¿No pensamos nosotros también una teología geográfica, y pensamos que Dios está sólo en algunos lugares y en otros no?
No creemos que Jehová esté allí en todos esos lugares donde terminamos nuestro pecado sexual.
No en esa sala.
Ni en esa cama.
Ni en la ducha.
Ni en ese motel.
Ni al teléfono escuchándonos.
Nunca pensamos cuando terminamos lo que estábamos haciendo, “¡Ah, mira, estuviste viendo todo lo que acabo de terminar!”
¿Era Jonás el único que creía engañar a Dios? ¿En dónde dejamos tú y yo a Dios guardado? ¿Se quedó en la iglesia nada más, o adentro de la TV en el canal cristiano, o escondidito dentro de la Biblia como si fuera genio mágico?
Así está torcida nuestra teología personal, y aunque nos proclamemos cristianos, nuestras creencias están sucias con pensamiento mágico y pagano. Un impedimento monumental para arrepentirnos de lo que hacemos, es nuestro concepto de un Dios pequeño y limitado.
Pero el libro de Jonás muestra que Dios no se quedó llorando porque Jonás lo dejó y se fue en un barco. Jehová demostró con fuerza y poder que iba a ejecutar sus planes en los paganos y en Jonás, con milagros poderosos que hicieron sufrir a Jonás.
¿Tiene esto un remedio? Sí lo tiene, pero requiere intencionalidad, sudar un poco la camisola. No hay mejor manera de deshacerse de estas mentiras teológicas, que conociendo al Dios majestuoso y celoso, a través de la lectura bíblica esforzada, diaria y consciente. Es por eso que en el curso de 60 días y en los recursos que escribimos, reforzamos la vida devocional como otro de nuestros principios permanentes de vida.
Es eso, o esperar que mientras estamos confiados en nuestra huida, las mentiras del pecado sexual nos alcancen y traguen a todos, como un gran pez.
Ambos caminos, el dolor y la vida devocional, nos impulsan a humillarnos ante Dios y hacia el arrepentimiento genuino. Pero oponer resistencia y no cooperar, sólo empeora las cosas para nosotros mientras intentamos escapar.Así como tenemos un Dios amoroso, también tenemos un Dios celoso que no nos dejará perdernos en pecado sexual, lejos de él.
¿Estás convencido de que necesitas dejar de huir de Dios? Usa este enlace para inscribirte en el curso de 60 días.


2 Comentarios
Joel
18. Aug, 2011
recordemos q tambien el salmista dijo: a donde me huiré de tu presencia?? si voy a los cielos ahi es tas tu, en las profundides tambien ahi estas. Dios les bendiga. post. sería bueno q puedan mandarnos este articulo al correo, o permitirnos que lo copiemos, gracias
Libres en Cristo
19. Aug, 2011
Joel, gracias por tu aporte! Ese pasaje es un gran consuelo para el que lucha contra el pecado sexual, su auxilio y su presencia nos acompañan en donde sea que estemos
Ya enviamos este tema en uno de nuestros boletines anteriores. Por ahora no pueden copiarse los temas, pero si quieres compartirlo, puedes enviar el enlace por correo, o usar los botones de facebook, google+ o twitter. Bendiciones.
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