Viví la dolorosa experiencia de que mi pecado fue descubierto ante mi esposa y familia. Estaba atravesando por la vergüenza y el dolor provocados por este evento.

Asistía a sesiones semanales de un ministerio para sexólicos anónimos; sin embargo, sentía que dichas sesiones no estaban llenando mis necesidades como cristiano; el tema de Dios se tocaba de una manera indirecta.

Descubrí el ministerio de Libres en Cristo gracias a que una de mis hijas me recomendó hablar con un líder de la iglesia; el hermano Javier Umanzor (director de Libres en Cristo en Costa Rica).

Lo primero que hizo Javier fue contarme su testimonio de cómo El Señor lo había sacado de ese mismo pecado. Por primera vez en mi vida pude abrir mi corazón y hablar abiertamente del pecado que había guardado solo para mí durante tantos años.

Él me habló del curso de 60 días y me dijo que me iba a ayudar mucho a conocer el trasfondo de ese pecado y sobre todo a encontrar la salida del mismo de la mano de Dios.

Debo confesar que al principio el curso me pareció un poco religioso. Sin embargo, conforme fui avanzando, comencé a conocer aspectos de mi pecado que me fueron abriendo los ojos para conocer cómo era que el pecado actuaba en mí, y sobre todo, aprendí a usar valiosas herramientas para vencer la tentación día a día. Me gustó tanto el curso que cada día estaba impaciente para hacer la siguiente lección.

Aprendí que al primero que había ofendido era a Dios, a concientizarme del daño que me causaba a mí mismo y a mi familia con la práctica del pecado. También aprendí sobre la importancia de hacer un corte radical de todas las fuentes de pecado. A tener compañeros de responsabilidad con quienes puedo hablar sobres mis actos. Reafirmé la importancia de tener mis devocionales diarios con El Señor; Él empezó a hablarle a mi corazón a través de su Palabra.

Mientras finalizaba el curso se me invitó a formar parte del grupo de mentores, lo cual acepté sin dudar. Quería ayudar a otros a ser libres, y además sabía que el mayor beneficiado en servir sería yo mismo, como dice Hechos 20:35, “más bienaventurado es dar que recibir”.

Hoy día, practico mis devocionales diarios y me nutro con la sabiduría que El Señor me proporciona a través de su Palabra. Me sigo reuniendo habitualmente con Javier Umanzor a quien le rindo cuentas, y asisto a las reuniones mensuales del ministerio en Costa Rica. Todo esto me ha ayudado a vivir una vida de libertad, que no había experimentado antes.

No significa que ya no tenga ninguna tentación, pero sí puedo decir que he aprendido a tener dominio propio con la ayuda del Señor. En ocasiones, la fortaleza que Él me da es tal, que no tengo que hacer ningún esfuerzo para mantenerme en santidad. También sé que debo aplicar todas las herramientas aprendidas para mantenerme firme.

La relación con mi esposa ha sido fortalecida grandemente. Aunque siempre habíamos tenido una excelente comunicación, nunca me había atrevido a contarle acerca de mi problema. Hoy hablamos abiertamente y sin temor ni secretos. Definitivamente, mi esposa ha sido de gran ayuda en todo el proceso.


René Villalobos, Libres en Cristo Costa Rica.