El final del curso de Visión Clara marcó el inicio de mi primer año de libertad. Terminé el curso sintiéndome como nuevo, y de hecho fue un antes y después en mi sexualidad. Sabía muy bien que no lo había alcanzado todo ya (Fil. 3:12) y que debía seguir con mi proceso de libertad y fue así como decidí unirme a mentorear en el ministerio. Renovado, reforzado, libre. Son palabras que definen mi vida a partir de ese momento, pero aún sigo siendo transformado por el Señor hasta que el complete la obra en mi (Fil 1:6).

Conocí de Libres en Cristo gracias a un amigo y mentor. Por años había luchado con el pecado sexual de la masturbación y nunca había podido superarlo. Viví frustrado mucho tiempo, pero por la gracia y providencia de Dios conocí a este amigo sin esperarlo y tomar el Curso de Visión Clara fue la mejor decisión que pude haber hecho.

Durante el curso Dios hizo muchas cosas en mí, botando barreras y mentiras con Su Palabra. Me di cuenta de lo importante que es la confesión, que hay libertad y sanidad en confesar nuestros pecados al Señor y a otros hermanos (1ª Juan 1:9, Santiago 5:16). Antes creía que confesar me haría esclavo de la persona a quien confesaría. Pero no solamente se queda en la confesión del pecado ya cometido, sino que de manera proactiva y regular debo entregar cuentas con mis amigos y líderes (Gálatas 6:2), esto ha sido un gran reto ya que anteriormente no comentaba con nadie ninguna de mis luchas.

Ahora, aun con dificultades, comento mis tentaciones y vulnerabilidades para que pensamientos inadecuados no crezcan en mi vida. Doy gracias a Dios porque me di cuenta que con una actitud de individualismo no estaba viviendo una vida de arrepentimiento, sino que solamente de lamento sobre mi pecado. Fue su bondad la que me guió al arrepentimiento verdadero (Rom 2:4) y le doy las gracias por tan inexplicable regalo.

Generar nuevos hábitos para dejar los viejos fue algo nuevo que aprendí y un reto diario para no volver a caer en patrones de comportamiento tan arraigados en mí. Para ello aprendí que debo cortar de manera radical todo aquello que me arrastre o tenga el potencial de hacerme volver al pecado, es mejor cortarse el ojo o la mano y entrar sin ellos al reino de los cielos (Mateo 5:29).

Finalmente aprendí que todo esto no sería posible sin la dependencia total de la Palabra de Dios, esa guía de fe y práctica inspirada por el Espíritu Santo para darnos vida y que no tengamos sed ni hambre jamás (Juan 4:14), es mediante la meditación en la Palabra que podemos evitar el camino de la tentación y la silla del pecado (Salmos 1). Estoy agradecido con Dios y por Libres en Cristo por tan grandes lecciones de vida.

Ahora termino este año con grandes expectativas para el siguiente año. Ha sido difícil, ha habido momentos buenos y momentos malos como en todo proceso, pero lo importante es que no me daré por vencido y seguiré luchando con las fuerzas y el poder de Dios. Sigo luchando aun con malos hábitos, no necesariamente sexuales, pero sé que si Dios ha intervenido en un área de mi vida y la ha transformado y así lo hará también con otras áreas.

Termino el año con nuevos amigos de varios países gracias a Libres en Cristo, con lecciones de vida grandes que aprendí a través de sus testimonios, y con planes para ayudar a más y más hombres a salir del pecado sexual así como Dios me sacó a mí.


César Rivas, Libres en Cristo El Salvador.